¿Cómo extender la vida útil de los motores diésel?
Guía estratégica para flotas en Colombia
Por: Jhon Cardona, Desarrollador de Negocios Foton Colombia.
El verdadero dilema del empresario transportador
En Colombia, mover carga no es lo mismo que en cualquier otro país. Subir La Ventanas, La Línea o la tomatera a full carga, sortear las congestiones vehiculares en hora pico y descargar en los puertos le exige a un motor mucho más que potencia: le exige resistencia, gestión térmica y una ingeniería diseñada para la diversidad. Cada gerente de flota lo sabe: el cálculo de rentabilidad ya no se hace solo con el precio del galón, sino con el costo total de propiedad (TCO) a 5, 7 o 10 años.
¿Por qué el motor Diésel es el rey del transporte en Colombia?
El motor diésel sigue siendo el rey de la rentabilidad, y lo es por tres razones que se complementan entre sí. La primera es la robustez: un motor diésel trabaja con relaciones de compresión, es decir, cuánto se comprime el aire dentro del motor, que superan las 17 veces, mientras que un motor a gasolina rara vez pasa de 11 veces. Esto obliga a que los componentes estén fabricados con materiales más resistentes y con mayor precisión, por lo que las piezas están sobredimensionadas para soportar cargas continuas y lograr desde medio millón hasta más de un millón de kilómetros bien cuidado.
La segunda razón es que el propio combustible actúa como lubricante. Suena raro, pero el ACPM (Diésel) tiene propiedades lubricantes que el sistema de combustible aprovecha, generando una larga vida útil en componentes críticos como la bomba y los inyectores.
La tercera es la fuerza a bajas revoluciones por minuto (rpm). Ya sea Aucan F25, Cummins ISF o ISD, motores que equipan buena parte del portafolio Foton—, cada uno entrega su torque máximo entre las 1.200-1.500 y 1.800-2.000 rpm, dependiendo del modelo. Esto significa que el motor no necesita “exprimirse” para mover la carga en su zona óptima, lo que reduce el desgaste kilómetro tras kilómetro.
Desmitificando lo que se dice en los paraderos
Hay una frase que se repite en cada terminal de carga del país: “el Diésel es lo mejor para mover carga, pero no cualquiera sabe sacarle todo el rendimiento sin afectar su durabilidad”. Es una de las verdades más grandes del gremio, porque que un motor funcione no significa que no haya que realizarle su mantenimiento respectivo.
Los motores diésel modernos que equipan los camiones FHR Miller, FKR, FPR, FQR y FRR de Foton incorporan sistemas diseñados precisamente para manejar la variabilidad de ruta: el filtro de partículas diésel (DPF), que gestiona automáticamente las emisiones incluso en ciclos urbanos de arranque y parada; el intercooler de alto rendimiento, que garantiza la entrada de oxígeno para maximizar el desempeño; y la inyección common-rail electrónica, que dosifica el combustible con precisión milimétrica, aprovechando cada gota.
El verdadero problema no es que el Diésel “sea difícil de operar”. El problema es que muchos conductores aún manejan motores modernos con hábitos heredados de motores mecánicos de los años 90, y eso sí daña cualquier motor.
Guía accionable para gerentes de flota
Si usted administra una flota, ya sean dos camiones livianos para reparto urbano o veinte medianos para transporte intermunicipal, estas prácticas pueden marcar la diferencia entre un motor que rinde 200.000 km y uno que rinde más de un millón.
Lo primero es proteger el turbo al final de cada ruta exigente: tómese unos 5 a 7 minutos en ralentí antes de apagar el vehículo. Después de un trayecto exigente o una subida prolongada, carga pesada, una ruta de alto calor, el turbocompresor puede superar cuatro veces la temperatura del motor. Apagarlo de inmediato corta el flujo de aceite que lo refrigera, generando coquización en los rodamientos internos del turbo y daños a futuro.
Lo segundo es estandarizar el plan de mantenimiento preventivo, no correctivo. El mantenimiento de flotas rentable se basa en intervalos definidos por horas/motor de 250 horas, recomendado para vehículos refrigerados, grúas u otros cuya funcionalidad crea altos intervalos de ralentí o por kilometraje, entre 5.000-7.000 o 10.000 km según el modelo. No se debe esperar a que el vehículo “empiece a sonar raro, pierda potencia o presente síntomas de mal funcionamiento” para intervenirlo. Los cambios de aceite con la viscosidad correcta y el grado API recomendado, el reemplazo programado de filtros de combustible críticos en Colombia por la calidad variable del ACPM y de aire (que nunca debe limpiarse con aire a presión), así como la revisión del sistema de inyección, son no negociables.
Lo tercero es cuidar la calidad del combustible, probablemente el factor más subestimado. El agua y los sedimentos en el ACPM son los principales males de los sistemas common-rail, por lo que conviene drenar constantemente los separadores de agua si la operación incluye zonas rurales o estaciones de servicio de rotación lenta.
Lo cuarto es gestionar la regeneración del DPF con criterio. Si la flota opera mayoritariamente en ciudad y a bajas velocidades, conviene programar rutas semanales o quincenales que permitan al motor alcanzar temperaturas de regeneración pasiva con cambios bajos a más de 2.000 rpm. Esto evita la acumulación de hollín y la necesidad de regeneraciones forzadas, que resultan costosas.
Y lo quinto, quizás lo más importante, es entender que los operadores son la clave del negocio: no existe vehículo a prueba de mala conducción. Aceleraciones forzadas, ralentí excesivo, sobrecarga y manejo en revoluciones equivocadas pueden restarle hasta un 30 % de vida útil al motor. Un operador que aprende buenas prácticas es la inversión más barata y de mayor retorno en cualquier flota.






